Tamshiyacu y su lucha por la defensa de sus bosques

Tamshiyacu es un típico pueblo ribereño de la selva peruana. Está ubicado a las orillas del río Amazonas en el departamento de Loreto, donde la población mayormente vive de la agricultura, la pesca y el comercio. Aparentemente todo transcurre con normalidad en Tamshiyacu; pero a unos kilómetros adentro, el verde de sus áreas va desapareciendo cada vez más rápidamente, dejando en su lugar vestigios de lo que un día fue un bosque lleno de vida.

Según los pobladores de las comunidades aledañas, la deforestación suma a la fecha más de 3, 000 hectáreas, pero esta situación avanzaría hasta perder 450 km2 más de bosques.

Por estos días, en que el Perú es la sede y anfitrión de la COP 20, el caso de Tamshiyacu resulta emblemático y es un ejemplo de cómo nuestro país viene perdiendo aceleradamente sus bosques amazónicos.  Se estima que perdemos unas 150 mil hectáreas anuales de selva amazónica por deforestación, una superficie equivalente a la Provincia del Callao.  Esto significa que en el Perú, cada hora, desaparecen alrededor de 20 hectáreas de selva amazónica, y cada 3 minutos una hectárea. [1]

Tamshiyacu podría convertirse en la plantación de palma aceitera más grande del Perú

Esta semana una delegación de Oxfam, encabezada por su directora ejecutiva, Winnie Byanyima, visitó la zona para comprobar y escuchar a los pobladores afectados por esta tala indiscriminada de sus bosques.

“No al acaparamiento  de tierras, no a la deforestación! El cinturón agrícola de esta zona está siendo acaparado por la empresa Cacao del  Perú Norte para luego sembrar palma aceitera; quieren acaparar tierras en todo Loreto”, denuncia Ruperto Vásquez, vicepresidente del Consejo Directivo de la Asociación Agrarios del Distrito de Fernando Lores -cuya capital es Tamshiyacu.

La empresa responsable de esta situación sería “Cacao del Perú Norte” de propiedad de Dennis Melka. Esta compañía ha iniciado trámites para igual número de proyectos adicionales en la zona, por un total de 45,160 hectáreas. De esta manera, Tamshiyacu pasaría a convertirse en la plantación de palma aceitera más grande del país.

Para tomar posesión de las tierras y bosques, la mencionada empresa usa diversas modalidades, según sustentaron con documentos los pobladores. Una fue la compra de alrededor de 3,000 hectáreas a personas naturales que habían adquirido las tierras del Estado al amparo del Decreto Legislativo 838, que permitió que personas desplazadas por terrorismo, beneficiarios de la reforma agraria y personas que están ocupando pacíficamente la tierra por más de un año puedan adquirir tierras públicas sin pago alguno. “Cacao del Perú Norte”pagó un promedio de 100 soles por hectárea.

Otra modalidad que usó la empresa para hacerse dueña de las tierras fue obligar a algunos agricultores a vender sus terrenos. Otros denunciaron que sus parcelas fueron invadidas cuando no estaban y que luego la compañía -amparándose en la falta de títulos de propiedad- procedió a quitárselas.

Esta última es la situación de Ivonne Gómez, presidenta de la Asociación Civil “Los Panguanitas”. Para ella, esta lucha por la defensa de sus bosques es ahora lo más importante en su vida: lo hace por ella, por su familia, por sus hijos. “Basta a la deforestación, no hay que darle más tregua”, subrayó.

Los pobladores afectados por la tala ilegal también recibieron el respaldo de la Organización de Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO), a través de su vicepresidente Manuel Ramirez, quien llamó a la unidad para defender los bosques.

Datos de interés

  • Las cinco nuevas empresas que ya están en Tamshiyacu para apropiarse de más hectáreas y que serían de un mismo dueño son: Plantaciones del Perú Este SAC, Plantaciones de Loreto Este SAC, Plantaciones de San Francisco SAC, Plantaciones de Marín SAC y Plantaciones de Loreto Sur SAC.
  • Se estima que en el Perú han desaparecido entre 7 a 10 millones de hectáreas en las últimas décadas, equivalente a la superficie total de las regiones de Ancash, Lima y La Libertad.[2]
  • El cultivo de palma aceitera en la Amazonia peruana se viene expandiendo apoyándose en incentivos legales y tributarios.  La justificación formal para otorgar permisos para cultivos perennes es que éstos se plantan en terrenos ya degradados, donde los bosques han sido talados previamente. 
  • La realidad es muy distinta. Se calcula que entre los años 2000 y 2010, tres de cada cuatro hectáreas de expansión del cultivo de palma aceitera a gran escala fue a costa de bosque amazónico primario.[3] La limitada capacidad y voluntad del Estado para vigilar y fiscalizar la desaparición de bosques es un factor cómplice de la avaricia de taladores y madereros.
  • El Ministerio de Agricultura y el sector privado estiman que entre un millón y un millón 400 mil hectáreas de la Amazonia cuentan con potencial para la palma aceitera, un área similar a todo el departamento de Lambayeque (o Moquegua), sin precisar dónde y que características tienen esas tierras (deforestada, bosque primario, etc.).[4]
 

[1] DEFENSORIA DEL PUEBLO. La Política Forestal y la Amazonia Peruana, Avances y Obstáculos en el Camino de la Sostenibilidad, 2010

[3] IOP. High-Yield Oil Palm Expansion Spares Land at the Expense of Forest in the Peruvian Amazon, 2011.

[4] MINAG. Estudio sobre la Potencialidad de la Palma Aceitera para Reducir la Dependencia de Oleaginosas Importadas en el Perú, 2012. http://www.andina.com.pe/agencia/noticia-hay-14-millones-hectareas-pueden-destinarse-a-siembra-palma-aceitera-la-selva-406627.aspx

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