Más de ocho de cada diez peruanos y peruanas (84%) creen que el país está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio y apenas el 6% piensa que se gobierna para el bien de todos. Así lo revela la tercera Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES 2026), elaborada por Oxfam en Perú y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), que en esta edición profundiza en cómo percibe la ciudadanía el poder y su propia capacidad de influir en las decisiones del país. La encuesta muestra, además, que la desigualdad indigna cada vez menos: en solo dos años, quienes la consideran inaceptable pasaron de 51% a 38% y dejaron de ser mayoría.
Sobre quiénes son esos grupos poderosos, la mitad (51%) señala a actores políticos, como los partidos y el Congreso. Un 36% apunta a actores económicos, como las grandes empresas, y solo el 21% menciona al Gobierno y a las instituciones públicas.
Frente a ese poder, la ciudadanía se siente lejos de las decisiones. Solo el 27% cree tener capacidad para influir en ellas, y el 55% considera que el país se gobierna desde Lima, sin tomar en cuenta a las regiones.
La percepción de concentración del poder alcanza también a los impuestos. El 77% cree que los más ricos encuentran la manera de no pagar lo que les corresponde, y el 76% piensa lo mismo de las grandes empresas.
“Después de tres ediciones, la ciudadanía nos dice que ve la desigualdad no solo en el bolsillo, sino en el poder y no se equivocan. En los últimos años, el 1% más rico del Perú capturó el 42% de la nueva riqueza y el 50% más pobre apenas alcanzó el 1.4%. Quien concentra la riqueza concentra también el poder de decidir. Por eso la desigualdad en el Perú ya no es solo económica, es política. Y lo que está en juego aquí es la democracia”, afirmó Alejandra Alayza, directora de Oxfam en Perú.
La desigualdad sigue, pero indigna menos
La percepción de desigualdad se mantiene alta. El 72% considera que el Perú es un país muy o algo desigual económicamente, una cifra similar a la registrada en 2022 y 2024, y para la mayoría (52%) la desigualdad económica ha aumentado en los dos últimos años. El 57% cree que las diferencias de ingresos entre ricos y pobres son demasiado grandes, y el 46%, que no todos tienen las mismas oportunidades para salir de la pobreza. La desigualdad se percibe también en el acceso a derechos: el 72% considera muy desigual el acceso a la justicia; el 63%, a la salud, y el 48%, a la educación, cifras similares a las de 2024.
Pero la encuesta también advierte una preocupante menor indignación frente a estas brechas. Cada vez menos personas consideran inaceptable la desigualdad: del 51% en 2024 al 38% en 2026, con lo que dejaron de ser mayoría. En el mismo periodo, quienes califican de muy grave la desigualdad económica bajaron de 58% a 52% y esto ocurre aunque la pobreza sigue por encima de los niveles previos a la pandemia.
“La desigualdad no ha bajado y la pobreza sigue por encima de la prepandemia. Hoy hay 2.3 millones de personas pobres más que en 2019 y, aun así, nuestra indignación sí ha bajado: solo el 38% considera inaceptable la desigualdad. Eso no es aceptación, es una peligrosa resignación. Y lo que se tolera, se perpetúa”, precisó Alayza.
La desigualdad también es política
A partir de los resultados de la encuesta, el informe de Oxfam Poder para pocos, desigualdad para muchos plantea que la desigualdad económica no puede entenderse sin mirar cómo se distribuye la capacidad de influir en las decisiones públicas. Si la ciudadanía siente que no puede incidir en ellas, es lógico que la desigualdad deje de parecer algo que se pueda cambiar.
Los datos muestran que la percepción ciudadana tiene sustento. Aunque el coeficiente de Gini oficial del INEI baja desde hace dos décadas, cuando se corrige para captar mejor los ingresos de los más ricos, la desigualdad aparece estancada en niveles altos. Entre 2019 y 2025, el 1% más rico capturó el 42% de toda la nueva riqueza creada en el país, mientras que el 50% más pobre apenas logró capturar el 1.4% de esta.
Al mismo tiempo, los indicadores internacionales de participación y espacio cívico muestran una caída sostenida desde 2018. Frente a ese escenario, la ciudadanía ha encontrado otras formas de organizarse: la participación en organizaciones comunitarias, como las ollas comunes, alcanzó su máximo histórico en 2024. Y mantiene sus expectativas en el Estado: el 68% respalda que implemente políticas firmes para reducir la desigualdad de ingresos, según la ENADES 2026, una cifra similar a la de 2022 y 2024.
Para Oxfam, estos resultados son una alerta: una desigualdad abusiva que se tolera termina por normalizarse y debilita la base de la democracia, la igualdad entre ciudadanos y ciudadanas. Por eso, el informe plantea la urgencia de politizar la desigualdad: ampliar la capacidad de la ciudadanía para incidir en las decisiones públicas, fortalecer las instituciones y avanzar hacia un pacto fiscal justo, en un horizonte de recuperación democrática para el nuevo ciclo político.
“Politizar la desigualdad es la única forma de que deje de ser normal. Si seguimos tolerándola, no solo perdemos la igualdad. Empezamos a perder la democracia”, concluyó Alayza.
Acerca de la encuesta
La ENADES 2026 se aplicó por vía telefónica a 1,510 personas de 18 años a más, en zonas urbanas y rurales de 153 provincias y 462 distritos de los 24 departamentos del país. El trabajo de campo se realizó entre el 28 de enero y el 2 de marzo de 2026, antes de las elecciones generales. El margen de error es de ±2.5 puntos, con un nivel de confianza de 95%.
Tres ediciones escuchando lo que el Perú piensa de la desigualdad
La ENADES se realiza desde 2022 y permite seguir cómo cambia la mirada de la ciudadanía sobre la desigualdad en el país. Puedes revisar los resultados de la primera edición (ENADES 2022) y de la segunda edición (ENADES 2024), que Oxfam analizó en el informe Desigualdad abusiva y la necesidad de un Estado justo.