Lima, Julio 2026.- La agroecología es una forma de producir, aprender y organizarse que trabaja con la naturaleza, protege la diversidad y fortalece la autonomía de quienes sostienen la alimentación. En el Perú, sin embargo, el éxito de la agricultura en el Perú ha sido medido principalmente por su productividad. Frente a una crisis climática que altera los ciclos de lluvia, intensifica las sequías y aumenta la frecuencia de las heladas, producir más no es suficiente. Un nuevo estudio de Oxfam demuestra que las familias agricultoras que incorporan un mayor número de prácticas agroecológicas, como la diversificación de cultivos, el cuidado del suelo y el agua y una menor dependencia de insumos externos, presentan mayores niveles de resiliencia para enfrentar estos impactos.
La investigación Más allá de la productividad: resistir bajo presión climática comparó 33 fincas familiares ubicadas por encima de los 3000 m s.n.m. en Junín y Huancavelica con distintos niveles de incorporación de prácticas agroecológicas. Más que medir cuánto producen, el estudio evaluó aspectos como la diversidad de cultivos, el manejo del suelo y del agua, la dependencia de insumos externos y la organización comunitaria, entre otras dimensiones, para identificar qué características fortalecen la resiliencia de la agricultura campesina y familiar frente al cambio climático.
Uno de los principales hallazgos es que las familias agricultoras que incorporan más prácticas agroecológicas muestran mejores condiciones para responder a los impactos de la crisis climática. Estas prácticas incluyen la diversificación de cultivos, el uso de semillas locales, el reciclaje de nutrientes y una menor dependencia de fertilizantes sintéticos, mediante los cuales las familias fortalecen sus sistemas productivos para hacerlos más resilientes.
Las fincas que incorporan más prácticas agroecológicas alcanzaron un índice general de resiliencia de 61,4%, frente al 39,8% registrado por aquellas donde aún predominan prácticas más convencionales. Además, cultivan en promedio 8,5 variedades de cultivos, casi el doble que el resto de las fincas (4,4 variedades). Esta diversidad funciona como un “seguro natural” que permite reducir riesgos frente a heladas, sequías o plagas y contribuye a mantener la producción y la disponibilidad de alimentos en contextos de alta incertidumbre climática. Sin embargo, estos esfuerzos siguen avanzando sin el respaldo suficiente de las políticas públicas, que continúan priorizando la productividad por encima de la resiliencia frente al cambio climático.
“La agricultura campesina y familiar ha sostenido históricamente la alimentación del país y hoy también sostiene buena parte de la adaptación frente a la crisis climática. Pero ese aporte continúa siendo invisibilizado y acompañado de una profunda desigualdad y deuda histórica de inversión, reconocimiento y poder de decisión”, señaló Alejandra Alayza, directora de Oxfam en Perú. “Este estudio vuelve a poner esa deuda sobre la mesa y colocar a las familias agricultoras en el centro de las decisiones sobre el futuro del sistema alimentario”.
La resiliencia también está en lo comunitario
Las diferencias entre unas fincas y otras van más allá de la forma de producir. El estudio de Oxfam encontró que las familias con mayores niveles de resiliencia, es decir, con mejores capacidades para afrontar y adaptarse a los impactos del cambio climático también comparten más conocimientos entre familias agricultoras y se organizan para gestionar recursos como el agua y la tierra.
En el intercambio de conocimientos, las fincas con más prácticas agroecológicas alcanzaron un puntaje de 73%, frente al 40% registrado por aquellas con predominio de prácticas convencionales. En la gestión colectiva del agua y la tierra obtuvieron 72%, frente al 50%.
Según las conclusiones del estudio, entonces, el principal aporte de la agroecología frente al cambio climático "se concentra en la dimensión social", es decir, en el fortalecimiento de redes comunitarias, el intercambio de conocimientos y la cohesión social, más que en la producción misma. Estos elementos, señala el informe de Oxfam, se convierten en activos clave de resiliencia, sobre todo donde el apoyo externo es escaso.
Si bien el estudio muestra que el mayor aporte de la agroecología a la resiliencia se encuentra en su dimensión social, sus beneficios también se expresan en la diversificación de la producción, el manejo de la agrobiodiversidad, el cuidado del suelo y una menor dependencia de insumos externos. La evidencia indica, sin embargo, que estas prácticas generan un mayor impacto cuando se sostienen en capacidades y relaciones comunitarias.
Una deuda pendiente
El estudio concluye que ninguna práctica agrícola puede compensar por sí sola las brechas estructurales que enfrenta la agricultura campesina y familiar en Perú. La escasez de infraestructura y las limitaciones para la gestión del agua, el escaso acceso a servicios de extensión agraria, el financiamiento insuficiente y la débil presencia del Estado continúan restringiendo la capacidad de adaptación de las familias agricultoras, incluso en aquellos sistemas que muestran mejores resultados.
A partir de estos hallazgos, Oxfam plantea la necesidad de reorientar las políticas públicas hacia un enfoque que, además de promover la productividad, fortalezca la capacidad de adaptación de la agricultura campesina y familiar mediante una mayor inversión en infraestructura hídrica, servicios de asistencia técnica y el reconocimiento de la agroecología como una estrategia para enfrentar la crisis climática y garantizar el derecho humano a la alimentación.
Este enfoque responde a una transición agrícola justa, una transformación que busca redistribuir recursos, financiamiento y poder de decisión hacia las mujeres rurales e indígenas, las familias campesinas y las comunidades que sostienen la alimentación del país.
“Las familias agricultoras ya están construyendo respuestas frente a la crisis climática desde sus territorios. El reto es que las políticas públicas las reconozcan como parte de la toma de decisiones. Si queremos fortalecer la resiliencia del país, esa deuda con la agricultura familiar y campesina también debe empezar a saldarse”, concluyó Alayza.
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