El cambio climático no tiene que ver sólo con el clima: tiene que ver con nuestras vidas

Winnie Byanyima - Oxfam International, directora ejecutiva

Los grupos negociadores que están llegando esta semana a Lima, Perú -para trabajar el borrador de un tratado global sobre cambio climático-  deberían escuchar las palabras de la campesina peruana Marisa Marcavillaca: “El cambio climático no tiene que ver sólo con el clima: tiene que ver con nuestras vidas”.

Las negociaciones en Lima son cruciales: Prepararán el escenario para el éxito o el fracaso en París, la siguiente mejor oportunidad de alcanzar un acuerdo global que reduzca los gases de efecto invernadero y ayude a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático que ya enfrenta el planeta.

Para preparar bien el escenario de París necesitamos trabajar mucho en los detalles en Lima, particularmente en cómo los países desarrollados van a cumplir con el financiamiento prometido para ayudar a las naciones en desarrollo a afrontar la crisis climática. Las vagas promesas no ayudarán a la gente a adaptarse a los efectos dañinos del cambio climático ni a buscar caminos más limpios hacia el desarrollo y el crecimiento.

La cifra central es de $100 mil millones. Los países ricos prometieron esta cantidad en la conferencia de Copenague en 2009 y luego empezaron a regatear. Para gente como Marisa, que se encuentra en la primera línea de lucha contra el cambio climático, esta cifra abstracta ha significado poca o ninguna diferencia en su vida.

Lo real es que el cambio climático ya está causando hambre y podría hacer retroceder varias décadas la lucha contra este flagelo. En  Perú, más del 80% de la producción de alimentos básicos como maíz, patatas, arroz, cebada, habas, guisantes y trigo es altamente vulnerable a las sequías. Y las proyecciones sugieren que la productividad agrícola en la región andina podría caer entre 12 y 50% en las próximas décadas, como resultado del cambio climático.

Como explica Marisa, líder de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas [*]: “Los cambios extremos en el clima afectan tanto nuestras ganancias como la comida que llevamos a la mesa para nuestros hijos.  Si no tenemos suficiente dinero para comprar comida, sufrimos hambre. Si no tenemos suficiente dinero, no podemos comprar a nuestros hijos lo que necesitan para ir a la escuela”.

Debemos actuar ahora

El cambio climático ya está causando un daño significativo a la producción global de alimentos, no sólo en Perú sino en el mundo entero. Y las cosas van a empeorar mucho a menos que tomemos acciones ahora.

Para 2050, otros 50 millones de personas –equivalentes a la población de España– estarán en riesgo de sufrir hambre como consecuencia del cambio climático. Para entonces podrían estar malnutridos otros 25 millones de niños menores de 5 años, que no lo estarían en un mundo sin cambio climático — eso equivale a todos los niños menores de cinco años de Estados Unidos y Canadá.

Campesinas como Marisa están haciendo todo lo que pueden para prepararse y fortalecer su resiliencia. Se han organizado y han aprendido qué plantas pueden ayudar a combatir enfermedades en sus cultivos. Han construido embalses para los tiempos de sequía. Han trabajado con los funcionarios locales y recibido apoyo para reparar y adaptar sistemas de irrigación más eficientes a fin de poder tener más cultivos con menos agua. Pero no pueden luchar contra el cambio climático solas.

Tenemos que organizarnos y actuar YA

La acción de los gobiernos presentes en las negociaciones ha sido demasiado lenta, pero hay signos claros de avance en todo el mundo. En septiembre millones de personas se sumaron a más de 2.000 eventos convocados en 162 países para demandar acciones frente al cambio climático. Ellas entienden que la acción ante el clima significa nuevos trabajos ecológicamente amigables, provisiones alimenticias seguras y un futuro para todos y todas.

Si hay progresos en materia de financiamiento climático, los países pobres podrían hacer espectaculares avances en desarrollo limpio. Etiopía podría sacar de la pobreza a millones de personas y a la vez evitar unas emisiones anuales equivalentes a las de 65 centrales eléctricas de carbón. Perú podría incrementar su PIB en casi un 1% más y reducir sus emisiones a la mitad. Indonesia podría cumplir su plan de reducir las emisiones en un 41% en 15 años.

Compromisos claros en materia de financiamiento climático

La promesa de $100 mil millones debe ser sólo el inicio.  Lo que se requiere son compromisos claros en materia de financiamiento climático, centrado en los que los países en desarrollo realmente necesitan. La hoja de ruta para progresar en ese camino debe: 

  • Establecer exactamente cómo será recaudado e invertido el financiamiento climático
  • Identificar nuevas fuentes -privadas y públicas- de financiamiento
  • Establecer un marco de “cuotas equitativas” a la hora de movilizar el flujo necesario de financiamiento y dirigirlo a los rubros adecuados 

Estas tres acciones no son el punto final. Hay hitos en esta jornada, que tomarán décadas. Pero la Cumbre de Lima puede  - y debe - marcarnos la senda correcta hacia París y más allá. Este es el momento en que los líderes deben dar un paso adelante y actuar como tales.

[*] Marisa Marcavillaca es dirigenta de la Organización de Mujeres Indígenas FEMUCARINAP (Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas)

[N de la T]

Originalmente publicado en el Huffington Post.

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