La crisis derivada de la pandemia por el coronavirus ha acentuado las desigualdades, en particular, las desigualdades de género. El bienestar de las mujeres se ha visto afectado por una menor participación en los mercados laborales que ha reducido sus ingresos[1] y por una sobrecarga de las labores de cuidado no remunerado -que incluye labores domésticas y atención a niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas que requieren algún tipo de atención física y emocional. A esta situación se suma la violencia de género ejercida contra las mujeres y agudizada durante el confinamiento. Según una encuesta realizada a mujeres en 13 países, siete de cada 10 consideran que la violencia doméstica aumentó durante la pandemia (ONU Mujeres 2021).[2]
Hoy que las campañas de vacunación avanzan en América Latina y en los países se discuten las mejores rutas de recuperación pos COVID-19, es clave hacer incidencia para valorizar e incorporar los cuidados en el centro de las iniciativas de recuperación económica. Tal como los feminismos han visibilizado, los cuidados engloban el trabajo de “provisión cotidiana de bienestar físico, emocional y afectivo a lo largo de todo el ciclo de la vida de una persona” (Álvarez 2020: 07).[3] En un orden histórico patriarcal, ese trabajo no solo ha recaído de manera desproporcionada sobre los hombros de las mujeres, sino que también se ha ido desvalorizando. Además, las luchas de mujeres en distintos territorios afirman que el cuidado involucra también el cuidado del territorio y la naturaleza (Ulloa 2016)[4].
En el contexto de la anunciada propuesta de creación de un Sistema Nacional de Cuidados en el Perú, recogido en la Política Nacional de Igualdad de Género, resulta clave poner a disposición de la ciudadanía y de los y las decisoras de política información actualizada sobre las brechas de género asociadas a los cuidados. En esa línea, desde Oxfam en Perú, en asociación con el Centro de la Mujer Peruana “Flora Tristán”, lanzamos una encuesta nacional sobre las desigualdades de género en el tiempo asignado al trabajo doméstico no remunerado. Si bien esta información no pretende abarcar todas las nociones implicadas en lo que entendemos por cuidar, consideramos que es un insumo que aporta al camino colectivo para diagnosticar e imaginar alternativas a la crisis de cuidados.
Datos que corroboran las desigualdades de género en los cuidados
La encuesta, que contó con una muestra de 1,216 entrevistados en los 24 departamentos del Perú y fue conducida en noviembre del 2021 por el Instituto de Estudios Peruanos, proporciona datos importantes a tener en cuenta en el debate sobre un Sistema Nacional de Cuidados.
En primer lugar, las labores domésticas y el cuidado de miembros del hogar es un trabajo que consume más tiempo a las mujeres que a los hombres. En el 82% de los hogares en el Perú, son ellas las que asumen la mayor parte de estas labores y, en la zona norte del Perú, esta proporción llega al 85% de hogares. Así, las mujeres destinan alrededor del doble de horas semanales a labores como lavar, cocinar y limpiar (23.3 horas para las mujeres versus 12.3 horas para los hombres), cuidar a otras personas del hogar (19.9 horas para las mujeres versus 8.5 horas para los hombres) y acompañar a menores en sus clases virtuales (9.4 horas para las mujeres versus 4.8 horas para los hombres).
En segundo lugar, la sobrecarga de cuidados no solo reduce el tiempo libre de las mujeres, sino que afecta sus proyectos de vida de forma desproporcionada respecto a sus pares varones. La crisis afectó el empleo de las y los peruanos en general (44% tuvo que dejar de trabajar por la pandemia) y, en particular, de los sectores socioeconómicos más empobrecidos (52%). Sin embargo, la dedicación al cuidado de otras personas como motivo principal para dejar de trabajar fue más frecuente entre las mujeres (15% de las que dejaron de trabajar) que entre los varones (5% de los que dejaron de trabajar). La carga de cuidados también fue la razón principal por la que el 10% de las mujeres que estudiaban antes de la pandemia, dejaron de hacerlo (en comparación con un 3% entre los varones).
Además de diferencias de género, la encuesta evidenció las brechas que atacan particularmente al Perú rural. Si bien, el 86% de los encuestados afirmaron haber visto disminuidos sus ingresos del hogar, la proporción se eleva al 93% para el Perú rural. Los encuestados de hogares rurales fueron los que más tuvieron que dejar de trabajar por la pandemia. Asimismo, son los hogares rurales donde se presenta la mayor carga de personas que requieren de cuidados (niños, ancianos, persona con alguna discapacidad, etc.) con un 49% de las personas entrevistadas en comparación a un 38% para el Perú urbano y la capital Lima Metropolitana. Estas diferencias advierten sobre la necesidad de pensar las políticas de cuidado con enfoque interseccional, es decir, procurando adaptar los servicios de cuidado a las realidades diversas que marcan la vida de las mujeres en las ciudades, en el campo y en las comunidades de pueblos indígenas.
¿Hacia dónde dirigirnos?
En suma, en el Perú, las mujeres tienen hoy menos ingresos y más tiempo empleado en labores no remuneradas en el hogar. A pesar de esta situación, muchas mujeres han atendido las necesidades de cuidado de sus comunidades durante la pandemia, organizándose en ollas comunes y en comités comunitarios anti- covid como primera línea de defensa frente a esta enfermedad en un país con un precario sistema sanitario.
Es tiempo que el Estado garantice el cuidado como un derecho, siguiendo el ejemplo de otros países donde ya tiene o donde se discute su rango constitucional (como en Chile en el seno del proceso constituyente). Además, urge empezar a articular una corriente ciudadana que discuta el contenido y alcance del anunciado Sistema Nacional de Cuidados (SNC) para brindar servicios públicos y universales dirigidos a las personas que cuidan y a quienes requieren cuidados. Finalmente, necesitamos una educación que socialice esquemas de corresponsabilidad desde las infancias para que la nueva ciudadanía combata todo estereotipo que justifique la sobrecarga de cuidados de las mujeres en imágenes de abnegación y entrega, tan funcionales al patriarcado.
Referencias
[1] La tasa de desocupación de las mujeres en América Latina en 2019 era de 9,5%. En el 2021, esta tasa subió a 11,8% y según la CEPAL la proyección al 2022 supone solo una leve mejora, estimándose en 11,5%. Ver: https://www.cepal.org/es/comunicados/america-latina-caribe-desacelerara-su-crecimiento-21-2022-medio-importantes-asimetrias
[2] El informe completo se puede descargar en: https://data.unwomen.org/publications/vaw-rga
[3] Álvarez, I. (2020). Organización social de los cuidados a la luz del COVID 19. Un análisis para América Latina y el Caribe. Oxfam.
[4] Ulloa, A. (2016). Feminismos territoriales en América Latina: defensas de la vida frente a los extractivismos. Nómadas, (45), 123-139.