Más allá de los titulares: Que pasa realmente en la COP20

Ya estamos en mitad de la primera semana de las negociaciones climática de la ONU en Lima, Perú, donde los gobiernos están negociando un nuevo tratado global sobre el clima a ser adoptado el próximo año en París. Con esa perspectiva, ustedes creerían que se respiran aires de cambio.

Las marchas globales por el clima de setiembre, los compromisos de los tres grandes (La Unión Europea, EEUU y China) para reducir sus emisiones; la presión pública en Perú – incluyendo nuestros activistas de Oxfam-; y el hecho de que el nuevo fondo para acción climática de la ONU casi alcanzó su meta inicial de levantamiento de fondos, todo parece haber dado a las negociaciones el impulso que necesitaban. Los medios de comunicación en su mayor parte han también tomado un punto de vista positivo respecto al inicio de las conversaciones pero ¿cómo están yendo las cosas en la conferencia realmente?

Borrador del texto

El país anfitrión puso las cosas en marcha planteando un reto diciendo que esperan que el resultado de las próximas dos semanas sea un verdadero borrador de texto para el convenio de París sobre el clima. Es genial que Perú levante la valla pero es sumamente ambicioso pensar que en dos semanas los países serán capaces de zanjar sus diferencias y ponerse de acuerdo en torno a un verdadero borrador del texto.

Lo que se necesita de las conversaciones en Lima es un formato común para el compromiso de cada país en el nuevo convenio, estandarizando la forma en que se verán cuando se presenten en unos meses más. Esto puede sonar a una formalidad pero es inmensamente importante si queremos evitar una mescolanza de propuestas –con diferentes líneas de base como punto de partida para reducir las emisiones y años de plazo para hacerlo, y una variada gama de que debe incluirse en estos compromisos. Eventualmente, necesitamos estar en capacidad de sumar todos estos compromisos para calcular que tan lejos nos llevarán hacia la meta final de evitar el peligroso cambio climático.

Las implicancias de un convenio débil que nos coloca en un mundo donde las temperaturas se incrementan en unos 3.5°C (que es a lo que estamos encaminados en este momento) tendría consecuencias devastadoras para las personas más pobres en los frentes del cambio climático – haciéndoles infinitamente más difícil y costoso protegerse del caos climático. Si va a haber alguna oportunidad de presionar a los gobiernos para mejorar sus ofertas en Lima, necesitamos que sus compromisos sean comparables, de modo que aquellos que están arrastrando los pies puedan ser fácilmente identificados y convocados.

Finanzas para acciones climáticas

Otro tema importante que causa muchos desacuerdos en las negociaciones es el del financiamiento para acciones climáticas. Los países ricos hacen lo mejor posible para evitar el tema de cómo serán apoyados los países más pobres según el nuevo convenio. Esto es especialmente injusto dado que esta vez incluso a los países más pobres se les pide comprometerse a reducir sus emisiones – sin la correspondiente seguridad de que el apoyo que necesitan para ello les será dado. Esto se parece en algo a pedirle a alguien que suba una escalera para luego empujarla.

Los países desarrollados están poniéndose fuertes diciendo que los compromisos del reciente Fondo Climático Verde (GCF) –que en su mayoría no se refiere a dinero nuevo- es todo lo que van a recibir los países en desarrollo, sin mayor claridad acerca de cómo los países ricos van a aumentar el apoyo a los países pobres hasta alcanzar los 100 mil millones de dólares al año prometidos hasta 2020. ¡Algunos países desarrollados incluso han amenazado con vetar todo si se les solicita hacer compromisos financieros como parte del nuevo convenio climático!

Porqué estamos aquí

Con tantas decisiones políticas en discusión, Oxfam está aquí en Lima para llevar nuestra campaña por la justicia climática directo al corazón de la toma de decisiones. En nuestro informe “Acabar con la parálisis”, hacemos un llamado a tres elementos clave:

  • Un convenio que sea suficientemente ambicioso para ser un punto de quiebre en reducir el galopante cambio climático.
  • Cada país debe hacer su justa parte para mantenerse dentro del decreciente presupuesto global de carbono.
  • El financiamiento climático prometido debe fluir a donde se le necesita

Los gobiernos necesitan tomar la delantera en estos tres puntos aquí en Lima si la cumbre del próximo año en París, donde se firmará el nuevo convenio, no será otro desastre como el último intento de lograr un acuerdo climático global como el de hace cinco años en Copenhague. Si vamos a limitar el impacto del cambio climático, necesitamos ver acción ahora.

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