Foto: Adrián Portugal / Oxfam en Perú

#TambiénEsViolencia: Cuando la estructura económica perpetúa la violencia contra las mujeres

Este #25N, Día internacional de eliminación de la violencia de género, reflexionamos sobre algunas estructuras que perpetúan las violencias machistas que violan, matan y desaparecen a muchas mujeres diversas y plurales, travestis, trans y personas no binarias. En el Perú, más de 100 mil mujeres han denunciado casos de violencias en los Centros de Emergencia Mujer (CEM) entre enero y setiembre de 2022.[1] Cada una de esas 100 mil denuncias llevan historias de vida con singularidades, pero con una estructura de dominación y discriminación que atraviesa las trayectorias de las mujeres y diversidades de manera interseccional, es decir, desde experiencias y vivencias únicas que combina varios motivos. Este enfoque interseccional desafía la idea de “Mujer universal”, pues comprende las experiencias de las mujeres trans, en situación de pobreza, de pueblos indígenas, campesinas, racializadas, con discapacidad, viviendo con VIH, entre otras realidades donde el producto de la intersección entre sexo/género, etnia, clase, etc., se da en un contexto de opresión histórica.[2]

Este enfoque es clave para dar cuenta que, en general, los países latinoamericanos están atravesados por una noción que ha sido acuñada por María Ángeles Durán, catedrática e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España: el “Cuidatoriado”. Esta noción hace referencia a una “emergente clase social cada vez más numerosa, que se está configurando en los países desarrollados y agrupa a quienes necesitan cuidado y a quienes lo prestan”[3], y evidencia cómo las desigualdades estructurales e históricas de clase y etnia sumadas a la estructura patriarcal y colonial generan la explotación de mujeres y feminidades a costa de una economía de mercado que absorbe y desdibuja el trabajo de cuidados que, sobre todo, recae en ellas.[4]  

Las encuestas de uso de tiempo han sido clave para dar cuenta de esta desigual distribución de responsabilidades basada en la socialización de género desde las infancias. Por ejemplo, en el caso del Perú, la “Encuesta uso del tiempo y trabajo de cuidados no remunerado” (2021), realizada con el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán y el IEP, muestra que en el 82% de hogares la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerados lo asumen las mujeres. Esa desigual distribución, también, se ha forjado en las subjetividades de los estereotipos y mandatos de feminidad y masculinidad, así “el de la feminidad alienta a las mujeres a ocuparse del cuidado, y el de la masculinidad impulsa a los varones hacia la defensa y el gobierno”.[5] Así, en un sistema capital, patriarcal y colonial, se profundiza la división sexual del trabajo que coloca a las mujeres, sobre todo, aquellas mujeres racializadas y de niveles socioeconómicos más bajos en “los trabajos peor remunerados, más precarios y con un menor nivel de protección, mientras que el trabajo de cuidados no remunerado que desempeñan sigue siendo invisible”.[6]

En este contexto, la estrecha relación entre la violencia machista con la estructura económico-social ha estado oculta, lo cual genera grandes obstáculos para su erradicación. Ante esta situación de interrelación de desigualdades la investigadora y profesora asociada del Public Policy Center de la Universidad Pompeu Fabra, María Pazos Morán, se hace algunas preguntas clave: “[…]¿Cómo habíamos podido olvidar la economía hasta ahora?¿Cómo es posible, por ejemplo, que haya permanecido oculto el hecho de que las mujeres económicamente dependientes, caso de ser víctimas de violencia machista, no tienen dónde escapar? […] ¿Cómo puede decirse que los hombres deben cuidar igual que las mujeres si el sistema empleo/cuidados se organiza de tal manera que ellos estén alejados de la familia y 24 horas disponibles para las empresas?”.[7]

En este sentido, el lanzamiento del Informe de Oxfam Internacional “La austeridad, también una cuestión de género: Cómo las políticas económicas predominantes son una forma de violencia de género” es clave para dar cuenta de los efectos negativos y diferenciados de las políticas macroeconómicas neoliberales -que no son neutrales al género- y las medidas de austeridad[8] “que no tienen en cuenta las necesidades de las mujeres, que restringen los ya insuficientes servicios de los que dependen y que no dan prioridad a su seguridad y bienestar”.[9] En el Informe se caracteriza cómo esas medidas constituyen violencia económica como una forma de violencia de género en sí misma y, a la vez, pueden incrementar y profundizar los contextos de violencia y opresión a las que se enfrentan las mujeres y diversidades, por ejemplo: ”bastaría el 2% del presupuesto destinado a defensa por los Gobiernos para poner fin a la violencia de género interpersonal en 132 países”.[10]

Ante ello, las alternativas económicas feministas ofrecen alternativas concretas desde la importancia del trabajo de cuidados, del bienestar y de modelos que ponen en el centro las vidas humanas y naturales.[11] Para ello, es esencial problematizar “la dinámica abstracta de las finanzas” en su relación con las cotidianidades, con las modalidades de desvalorización e invisibilización del trabajo de cuidados y con todas las formas de violencias tanto en los hogares como en los territorios.[12]

 

    Notas al pie

    [2] Viveros Vigoya, M. (octubre, 2016). La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 52.

    [3] Batthyány, Karina (coord..) (2020) Miradas latinoamericanas a los cuidados. 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; México DF: Siglo XXI, 2020. Pp. 43-44

    [4] Durán, María Ángeles (2018) La riqueza invisible del cuidado. Colección Honoris Causa. Politécnica de Valencia

    [5] Lamas, Marta (2018) División del trabajo, igualdad de género y calidad de vida. En: ONU Mujeres (ed) El trabajo de cuidados: una cuestión de derechos humanos y políticas públicas. Ciudad de México, ONU-Mujeres, p.13

    [6] Dana Abed y Fatimah Kelleher. The Assault of Austerity: How prevailing economic policy choices are a form of gender-based violence. Oxfam International: 22 Nov 2022. DOI 10.21201/2022.9844. P 14.

    [7] PAZOS, M. (2018) Contra el patriarcado. Economía feminista para una sociedad justa y sostenible, Ed. Katakrak, Iruñea-Pamplona. Pp. 20-21

    [8] “La austeridad, también llamada consolidación fiscal, se refiere a las políticas aplicadas por los Gobiernos con la intención de reducir los déficits presupuestarios y la deuda soberana” Dana Abed y Fatimah Kelleher. The Assault of Austerity: How prevailing economic policy choices are a form of gender-based violence. Oxfam International: 22 Nov 2022. DOI 10.21201/2022.9844. P 10

    [9] Idem

    [10] Dana Abed y Fatimah Kelleher. The Assault of Austerity: How prevailing economic policy choices are a form of gender-based violence. Oxfam International: 22 Nov 2022. DOI 10.21201/2022.9844. P 32

    [11] Idem

    [12] Cavallero, Lucía - Gago, Verónica. Una lectura feminista de la deuda: ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos! 1a ed . Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fundación Rosa Luxemburgo, 2019. Pag 38

     

    REFERENCIAS